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LOS VOLUNTARIOS NOS CUENTAN SU EXPERIENCIA EN PUERTO RICO

El 20 de septiembre de 2017, el huracán María hizo estragos en Puerto Rico. Durante la tormenta más devastadora que ha azotado la isla caribeña en 85 años, vientos de 155 millas por hora llevaron la destrucción total a 3,4 millones de habitantes. En cuestión de horas, perdieron la electricidad, la tierra quedó inundada y sus hogares y medios de vida, destruidos. Tras el huracán, equipos de voluntarios de todo el mundo acudieron a colaborar con las comunidades portorriqueñas: juntos, y luchando contra un calor y una humedad sofocantes, despejaron carreteras, reabrieron escuelas, restauraron servicios básicos y reconstruyeron viviendas. Esta es la historia de uno de estos equipos.

Responder a la llamada

El acceso al agua corriente limpia era una de las necesidades más urgentes de los portorriqueños tras el reguero de destrucción dejado por María. Ante la falta de suministro de agua potable y segura, las familias extraían agua de pozos contaminados con químicos industriales o de arroyos infestados de animales muertos y residuos de alcantarilla. Aunque María había pasado, la isla seguía expuesta a un grave peligro sanitario.

En respuesta a la emergencia, la organización sin ánimo de lucro Planet Water Foundation se alió con la multinacional del agua Xylem para enviar un equipo de voluntarios a Puerto Rico. Su misión era construir torres de agua en algunos de los lugares más devastados de la isla, una tecnología que llevara agua limpia y segura a las comunidades más castigadas.

 

Planet Water trabaja en condiciones muy difíciles en todo el mundo, suministrando agua limpia imprescindible para la vida a las comunidades que más los necesitan. El objetivo de esta organización es concienciar sobre el problema de la seguridad del agua y suscitar debates sobre la gestión sostenible de este valioso recurso. Para ello se encarga de instalar tecnologías del agua y de educar, en un afán por provocar un cambio duradero en las comunidades con escasez de agua.

En 2018, Planet Water llevará a cabo su proyecto n.º 1000, que marcará el hito de un millón de personas beneficiadas con el trabajo de la organización. Estos esfuerzos dependen en gran medida de la financiación de empresas privadas como Xylem, aliado de Planet Water desde hace mucho tiempo. Con su misión en Puerto Rico y con otras iniciativas similares, Xylem y Planet Water han generado un impacto positivo en las vidas de casi 300.000 personas, a quienes han suministrado agua limpia para una generación a través de sus AquaTowers.

Pero como siempre, aún queda mucho por hacer para ayudar a las comunidades con escasez de agua. Cualquier contribución económica, grande o pequeña, puede salvar vidas. Quien quiera donar, está invitado a hacerlo aquí.

Un vuelo hacia lo desconocido

Al llegar a Puerto Rico, los seis miembros del equipo que dejaron de trabajar súbitamente para incorporarse a la misión sabían bien poco lo que iban a encontrarse. Algunos habían trabajado anteriormente como voluntarios en zonas afectadas por desastres. La mayoría de ellos nunca lo habían hecho. Todos quedaron inmediatamente abrumados por el alcance de la devastación.

Miles de edificios, incluidos hogares, hospitales y escuelas, completamente destruidos. Puentes derrumbados. Enormes parcelas de valiosas tierras agrícolas inundadas. Y una alarmante escasez de agua, comida, gas y electricidad.

Tal como recuerda Nate Warren, ingeniero de ventas de Xylem, «un hombre del lugar nos explicó que hacer funcionar su generador en casa durante solo dos horas al día le costaría 450 dólares al mes. A mí me resulta asombroso. El hecho de que esta gente, cuyos medios de subsistencia habían desaparecido por completo, y cuyas cosechas habían quedado diezmadas, ahora tenían que hacer frente a un gasto adicional de 450 dólares al mes solo para tener energía eléctrica durante dos horas al día, era inconcebible».

Resiliencia frente a la adversidad

A pesar de las condiciones, Nate y el equipo quedaron asombrados ante la resistencia de las comunidades afectadas en el momento en que llegaron a Puerto Rico. Incluso ante unos daños estimados de aproximadamente 100.000 millones de dólares, su determinación para reconstruir la zona nunca flaqueó.

«Hubo algo que me dejó realmente anonadado en las escuelas que visitamos. Aunque no hubiera agua corriente potable ni electricidad, los profesores se esforzaban muchísimo por mantener una vida normal y divertirse con los niños. Todos los niños que todavía conservaban sus uniformes los llevaban. Todo el mundo hacía todo lo posible para seguir adelante con su vida cotidiana aunque se viesen privados de todo».

«Ver lo unidos que estaban fue realmente revelador».

Otra cosa que el equipo apreció fue cómo se movilizaron las comunidades mientras esperaban la ayuda: gente que se había quedado sin nada encontró tiempo para ayudar a otras personas necesitadas.

En una comunidad montañosa, donde cientos de personas quedaron atrapadas en sus hogares, el ingeniero superior de aplicaciones Hunter Powell describe lo alentador que resultó ver a un grupo de jóvenes del lugar tomar la iniciativa y cocinar almuerzos gratuitos para hasta 400 personas al día, utilizando únicamente material de camping.

«Cocinaban arroz, alubias y carne, todo lo que pudiesen para la gente. Ver lo unidos que estaban fue realmente revelador».

«Cuando estudias una comunidad para ayudar, piensas en la manera en que el proyecto ayudará a la gente de ahí en adelante. Tiene que ser una plataforma sostenible».

- Nick Hill, presidente ejecutivo de Planet Water Foundation

 

«Teníamos toda clase de agua, excepto agua limpia, hasta el momento».

- Benjamin Marrero, Barrio San Lorenzo, Morovis

Levantando torres

Tras el huracán, algunos residentes pudieron disponer de agua embotellada procedente de donaciones, aunque lo que de verdad necesitaban era agua corriente. Otros menos afortunados estaban tan desesperados por conseguir el líquido vital que recurrieron a beber fuentes contaminadas.

Nuestro equipo de voluntarios tenía la tarea de construir doce torres de agua, cada una de ellas capaz de abastecer a 1000 personas con 10.000 litros de agua potable cada día.

Una lección de humildad increíble

Según el director de Tratamiento, Mainor Vega, «La reacción de los lugareños fue increíble. Llegaron a organizar grandes fiestas con un sacerdote que bendecía la torre y con niños cantando al 'agua'. Nos dimos cuenta de lo que el agua limpia significaba para ellos».

Uno de los últimos lugares donde trabajó nuestro equipo fue en una parte bastante aislada de la isla cuyos habitantes esperaban la llegada de ayuda desesperadamente.

Nate cuenta que «había un centenar de personas haciendo cola con botellas vacías, observándonos trabajar. La construcción de esa torre fue la más rápida que hemos hecho nunca. A pesar de lo necesitados que estaban, los habitantes nos dieron más comida de lo que podíamos comer».

«Tendemos a pensar que el agua es algo seguro. Somos unos privilegiados por vivir en Estados Unidos. Pero cuando viajas a otro país que no tiene tanto y que lo poco que tiene, lo ha perdido, es una lección de humildad ver la enorme gratitud y la emoción que sienten al recibir un elemento tan básico para la existencia humana.

Ver de primera mano toda esa destrucción me ha ayudado a valorar más lo que tenemos».

Uno de los últimos lugares donde trabajó nuestro equipo fue en una parte bastante aislada de la isla cuyos habitantes esperaban la llegada de ayuda desesperadamente.

«Hay pueblos de hasta 15.000 habitantes que no tienen electricidad. Y les han dicho que no lo tendrán hasta el año que viene como muy pronto. Por este motivo, han tenido que abandonar sus casas, sus coches y sus perros. Muchos han tomado un avión hasta Miami para irse con familiares, han tenido que abandonar Puerto Rico. «Ver de primera mano toda esa destrucción me ha ayudado a valorar más lo que tenemos».

«Después de ver cómo lo perdíamos todo, nos habéis traído ese don de la madre naturaleza, gratis y de una forma sostenible. Sois ángeles».

- Ixa, estudiante de segundo de Bachillerato

 

«Nos ha emocionado el trabajo de los voluntarios: su compromiso y su esfuerzo. Sin ellos hubiera sido difícil conseguirlo».

- Nick Hill, presidente ejecutivo de Planet Water Foundation

Mirando al futuro

En dos meses, las comunidades en las que se instalaron torres de agua habrán recuperado un cierto nivel de independencia. Con un abastecimiento de agua limpia y segura, ya no tienen que depender del agua embotellada.

Aunque la isla solo está iniciando su camino hacia la recuperación, algunos puertorriqueños encuentran consuelo en cómo este episodio catastrófico ha unido a la comunidad.

«En algunas partes del mundo, la revolución comienza con armas. Aquí esperamos que la revolución haya comenzado con el huracán».

Los residentes hablaban sobre cómo el huracán puede propiciar algunos resultados positivos a largo plazo, ya que ha sacado a la luz problemas preexistentes y ha unido comunidades.

«Había problemas antes del huracán», explica Richard Barg, director de desarrollo de mercado de Canadá. «Una gran cantidad del agua no era buena. El desastre ha sacado a relucir algunos de estos problemas, y ahora la gente intenta convertir este lugar en un lugar mejor. Tal como me dijo una persona del lugar: «En algunas partes del mundo, la revolución comienza con armas. Aquí esperamos que la revolución haya comenzado con el huracán».

«El sentimiento de desesperación entre las comunidades quedó relevado por la determinación de tomar las riendas de la situación».

- Nick Hill, presidente ejecutivo de Planet Water Foundation

Quiénes son nuestros voluntarios

«Ver la devastación y la destrucción con mis propios ojos me ha recordado lo que todos tenemos».

Mainor Vega es responsable de ventas del negocio de tratamiento de Xylem con sede en el Condado de Palm Beach, en Florida. Había visitado Puerto Rico anteriormente.

«En Puerto Rico todo era un caos. Incorporarme a la expedición me pareció simplemente lo correcto».

Hunter Powell es ingeniero superior de aplicaciones en Xylem. Oír a los niños en Puerto Rico corear «¡agua!» le hizo darse cuenta del beneficio que el equipo aportaba al traer agua limpia.

“Las gentes de Puerto Rico son fuertes. Van a salir adelante”.

Nate Warren es director de mercado e ingeniero de ventas de Xylem afincado en Los Ángeles. Lo que más le impresión el primer día del viaje fue la gran unión entre las comunidades.

"Ayudar a quienes lo necesitan está en mi naturaleza”

Richard Barg es director de desarrollo de mercado de Xylem y residente en Toronto. El entusiasmo y la determinación de los lugareños para reconstruir lo perdido le ha impresionado.

"Nos llamaban ángeles porque les llevábamos agua limpia y segura por primera vez."

Tim Main es director de marketing de Xylem en Vancouver. Su experiencia en Puerto Rico le abrió los ojos. Espera que María sirva de revulsivo para que el país construya mejores infraestructuras.

«La gratitud de las comunidades fue bastante asombrosa».

Blake Buster es mecánico industrial en la sucursal de Xylem en Dallas. Se dio cuenta de que, si participaba en las actividades de socorro, podría aliviar un poco la tensión.