Las operaciones con ganado hace tiempo que están expuestas a dificultades por lo que respecta al tratamiento del estiércol y del agua de proceso. La industria agrícola se ha centrado durante muchos años en el control de los olores y la protección de la calidad medioambiental, pero el conocimiento de la contribución de la agroindustria a la generación de gases de efecto invernadero y al cambio climático ha propiciado nuevos avances para reducir las emisiones de metano. La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) estima que, solo en los EE. UU, el estiércol del ganado emite aproximadamente 2 millones de toneladas de metano, lo que supone aproximadamente el 8 por ciento de las emisiones de metano antropogénicas anuales en ese país. Para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero, muchos gobiernos nacionales, regionales, estatales y locales de EE. UU., Sudamérica, China y Europa han desarrollado normativas e incentivos para promover el desarrollo de instalaciones de biogás.
El biogás, un subproducto del proceso de digestión anaeróbico, es rico en valioso metano, que normalmente oscila entre el 50 y el 80 por ciento, lo que lo convierte en un combustible energético altamente eficiente y de combustión limpia. Muchos productores ganaderos se benefician del uso de biogás in situ para reducir sus gastos energéticos. Las operaciones a mayor escala también pueden vender biogás a redes de gas natural o generar electricidad para su integración en la red eléctrica, creando oportunidades de ingresos adicionales.
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